Friday, May 25, 2007

Combate Naval de Iquique

El documento histórico que elegí, fue porque creo que nos deja una gran enseñanza de humildad frente a las personas. Miguel Grau, Comandante peruano, le mandó una carta a Carmela Carvajal, esposa de Arturo Pratt, luego del fallecimiento de su esposo para honrarlo y enviarle algunas de sus prendas, y luego de haberle ganado a Chile en cuanto a lo material. Quise referirme, apoyándome con esta fuente, al Combate Naval de Iquique, ya que creo que nos dejó grandes consecuencias positivas, en cuanto a territorios por ejemplo; pero la verdad, es que quiero referirme en especial al Capitán de Fragata Arturo Prat, ya que nos hizo triunfantes del Combate, no en cuanto a lo material, si no a lo honorífico, cosa que queda demostrado en las cartas mencionadas anteriormente. Para esto, utilizaré los pasos que postula Rodrigo Ahumada en el texto “Problemas y Desafíos historiográficos a la Epistemología de la Historia”, Explicar, Conocer e Interpretar, y lo haré de manera detallada para que haya una mejor comprensión de este combate y del gran ejemplo de valentía que nos dejó Don Arturo Prat Chacón.
Las Cartas (Para ver esto y más información, visita http://www.directemar.cl/mesmar/carta_grau.htm)



Dignísima señora:



Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a usted y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy, justamente, debe dominarla
En el combate naval del 21 próximo pasado, que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata don Arturo Prat, Comandante de la "Esmeralda", fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su Patria.
Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su gran desgracia, y para eso me he anticipado a remitírselas.
Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.



Miguel Grau


Señor don Miguel Grau.
Distinguido Señor:




Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del "Huáscar", en 2 de Junio del corriente año. En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted a acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable, por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos de mi familia, o consagradas por su martirio, como la espada que lleva su adorado nombre.
Al proferir la palabra martirio, no crea usted, señor, que sea mi intento inculpar al jefe del "Huáscar" de la muerte de mi esposo.
Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones, sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo, poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su Patria como desastroso para mi corazón.
A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.
Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona, y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta y affma. S.S.




Carmela Carvajal de Prat




Explicar

El combate naval de Iquique se generó durante la Guerra del Pacífico. Este conflicto bélico entre Chile y los aliados Perú y Bolivia se extendió entre 1879 y 1883. Para poder comprender mejor este combate, es conveniente estudiarlo en su contexto y no como un hecho aislado. Solo así tendremos una clara visión del período en que sucedió. La Guerra del Pacífico se desarrolló durante el gobierno de don Aníbal Pinto (1876-1881). Fue provocada por motivos económicos y por problemas limítrofes entre nuestro país y Perú y Bolivia. En esta época el salitre-nitrato era muy importante para estos tres países, ya que tenía un gran valor económico. Los problemas de límites, influidos por el deseo de apropiarse del desierto (por su gran valor), se resolvieron al firmar un tratado en 1866, que consistía en establecer como límite el paralelo 24° latitud sur y que ambos países se dividirían por la mitad, los derechos de exportación del guano y los de los metales extraídos entre los paralelos 23° y 25° latitud sur. La situación era confusa por lo que en 1874 que ratificaba como límite el paralelo 24° latitud sur, eliminando la medianería en el reparto de los impuestos. Al mismo tiempo, se prohibió a Bolivia imponer nuevas contribuciones o alzar las existentes durante 25 años a las empresas chilenas que trabajaban entre los paralelos 23° y 24° latitud sur.
Por otro lado, a comienzos de la década de 1870, Perú estaba en una crisis económica, ya que había decadencia en la explotación del guano, que era su principal riqueza. Por eso, se quiso monopolizar el salitre, pero esta idea se veía entorpecida por la existencia de salitreras chilenas en Antofagasta. Por esto, Perú firmó un tratado secreto en 1873 con Bolivia, quien, a su vez, quería recuperar la soberanía de los territorios en conflicto con Chile.
En 1878, en Bolivia, se apoderó del poder el general Hilarión Deza, quien aprobó una ley que aumentaba en 10 centavos el impuesto a cada quintal de salitre que se exportara. Con esta ley, se estaba violando el tratado de 1874. Chile se negó a pagar los impuestos, por lo que Daza decidió rematar las salitreras que estaban en manos chilenas, sabiendo que provocaría una guerra.
Para impedir el remate de las salitreras, Chile desembarcó en Antofagasta el 14 de febrero de 1879 con parte de sus tropas para tomar posesión de esta ciudad. Esta acción fue celebrada y acogida con el entusiasmo por el país y además, muy bien recibidos por sus ciudadanos, quienes se envolvieron en banderas para aplaudir esta misión.
De esta forma, Bolivia declaró la guerra a Chile el 1 de marzo de 1879 y Chile a la alianza peruana-boliviana el 5 de abril de ese mismo año.
En esta perspectiva, se observa el compromiso que adquirieron los chilenos para con esta campaña militar que se aproximaba, la cual duró desde 1879 hasta 1883. Por esta razón, en esta zona se crearon cuatro batallones cívicos. Luego de la acción en Antofagasta, la que siguió fue la toma de Calama. Ésta se inició 23 de marzo con cerca de 544 hombres bajo las órdenes de Eleuterio Ramírez, contra 135 bolivianos. Este combate no fue tan importante, pero marcó el primer triunfo de Chile y valor de los combatientes.
Una vez controlado el litoral boliviano, las campañas terrestres se suspendieron por las acciones en el mar. Estaba en disputa el Pacífico. Así se inició el bloqueo de Iquique en contra de Perú, el cual duró 4 meses. El plan fue bloquear este puerto y atacar las poblaciones peruanas de Tarapacá, para que así sus flotas salieran a defenderlas. William Rebolledo (Comandante chileno), se opuso a la idea de ir a El Callao porque era una misión muy peligrosa para la escuadra, la cual no estaba en sus mejores condiciones.
Sin embargo, este plan no funcionó, Perú siguió sacando el salitre para exportarlo, ya que algunos transportes se adentraron en sus costas y el descontento chileno sobre esta estrategia se hizo sentir.
El 12 de abril de 1879 se encontraron la corbeta chilena, Magallanes con los buques peruanos, Unión y la Pilcomallo en Punta Chipana. Durante este enfrentamiento, los chilenos lograron escapar del enemigo.
Por esta razón, el almirante decidió ir en busca del enemigo, dejando a cargo del bloqueo a la Esmeralda (Pratt) y Covadonga (Condell). Su intención de sorprenderlos en El Callao se desmoronó, ya que la flota peruana había zarpado cuatro días antes rumbo a Iquique.
El Huáscar y la Independencia, llegaron a este puerto enfrentándose por las corbetas chilenas, generándose así el Combate Naval de Iquique el día 21 de mayo de 1879. Este día marcó la guerra para Chile, pues Perú perdió la mitad de su poder naval. Lo que pudo ser un desastre por el hundimiento de la Esmeralda, fue un gran triunfo para los chilenos. La valentía y el heroísmo de Pratt y sus hombres, olvidaban estos penosos hechos, pues ante un enemigo tan poderoso, los chilenos no arrearon la bandera. La escapada de la Covadonga en Punta Gruesa, hizo encallar a la Independencia, generando la admiración de estos jóvenes marinos.




Conocer




En el minuto de iniciarse el conflicto, la armada no se encontraba en buenas condiciones, el Ejército y la Marina estaban en completo descuido al momento de estallar el conflicto entre Chile, Perú y Bolivia. Los fondos de la Escuadra estaban sucios y las calderas deterioradas, por lo que su eficacia era muy inferior a la de la escuadra peruana. La armada chilena estaba en absoluto desarme, buques que estaban listos para darlos de baja tuvieron que hacer frente a los enemigos. Por ejemplo, las corbetas “Chacabuco” y “O’Higgins” debían pasar la categoría de buques de vela, por el mal estado en que se encontraban, por lo que no podían desempeñar ninguna comisión importante en su categoría de buques mixtos. En este contexto, la Escuadra chilena se componía de los blindados Blanco Encalada y Almirante Cochrane; las cobertas de madera Chacabuco, O’Higgins, Esmeralda y Magallanes; la cañonera Covadonga; el vapor Toltén y Abato. Por otro lado, Perú contaba con dos blindados, el monitor Huáscar y la fragata blindada Independencia; dos buques de madera, la corbeta Unión y la Pilcomayo; y con dos monitores, el Manco Capac y Atahualpa. Bolivia, por su parte, carecía de elementos navales. Es así como la Escuadra chilena, bajo el mando de Williams Rebolledo, solo gozaba de dos buques que podían contrarrestar el andar de los acorazados peruanos.




En el combate:
Durante los primeros treinta minutos, los buques peruanos se enfrentan de manera envolvente contra los dos buques chilenos. Estas maniobras hacen que la Esmeralda reviente sus calderas lo que le reduce su andar a poco más de 2 nudos. Los buques chilenos concentran sus fuegos sobre el Huáscar sin causarle daño ya que rebotaban los proyectiles en la coraza. La Independencia disparaba sin causar ningún daño y al aproximarse para entrar en combate, la Covadonga empieza a alejarse del lugar del combate con rumbo al sur. En este momento el combate se divide en dos: por un lado el Huáscar y la Esmeralda y por otro la Independencia y la Covadonga.
La Covadonga abandona la rada de Iquique pegada a la costa tratando de evitar ser espolonada por la fragata Independencia.
Sin escapatoria, debido a la limitación de su andar, la Esmeralda queda sola en el territorio del Huáscar. Debido a lo anterior, Arturo Prat pone su buque cerca de la playa, de manera que los disparos del "Huáscar" pusieran en peligro a la población, lo que obligaría al barco a disparar con cuidado y así dificultar su puntería. Cuando el Huáscar había estrechado su distancia a la Esmeralda a 600 metros, se le acerca un bote tripulado por el Capitán de Puerto Salomé Porras y el Práctico Guillermo Checley, quienes informan erróneamente a Grau que la Esmeralda estaba protegida por una línea de torpedos, lo que lo induce a mantenerse a una distancia de 500 metros. El general peruano Juan Buendía ordena emplazar cuatro cañones Blakely de campaña de 9 lb en la playa para batir a la Esmeralda desde tierra cruzando sus fuegos con los del Huáscar.
La situación se vuelve insostenible para Prat por lo que decide cambiar su posición a otro lugar de la bahía. Grau observa el movimiento de la Esmeralda, y concluye que la información dada por el Capitán Porras es errónea y que por lo tanto es posible acercarse más al buque adversario. El comandante peruano enfila su buque hacia la Esmeralda dando toda fuerza a sus máquinas. El capitán de Prat, consciente que su nave no tiene posibilidad alguna de vencer en un combate convencional decide abordar al Huáscar, espada y pistola en mano. En esta acción es acompañado del soldado Arsenio Canave y del sargento Juan de Dios Aldea. El soldado chileno resbala y cae de la cubierta y sólo Prat y Aldea siguen por la proa hacia la torre de mando. En el trayecto Prat dispara un balazo al teniente segundo Jorge Velarde, quien le sale a cerrar el paso cumpliendo instrucciones de capturar con vida al capitán chileno. Arturo Prat alcanza a llegar cerca de la torre blindada de mando, donde es alcanzado por una bala que lo pone de rodillas. Un marinero sale a cubierta, y le dispara un balazo en la frente que le produce la muerte instantánea.
La historia registra que el capitán de navío Miguel Grau, intenta impedir la muerte de Prat, pero el fragor de la lucha evita su propósito.
El barco peruano lucha nuevamente contra la Esmeralda, pero ahora por el costado de estribor, y nuevamente nuestro barco chileno logra esquivar un impacto directo del espolón presentando la proa. Esta vez el golpe abre una vía de agua, por la cual se inunda la santabárbara y la sala de máquinas. La Esmeralda queda sin gobierno y sin municiones. Un segundo intento de abordaje por otros doce tripulantes chilenos, al mando del teniente primero Ignacio Serrano, también fracasa. Serrano es herido por disparos y capturado por la tripulación del Huáscar. Es conducido al salón de oficiales donde fallece por sus heridas.
En la Esmeralda, que aún se encontraba a flote, se efectuaban desesperados esporádicos disparos. Grau decide un tercer golpe. El tercer golpe con espolón es directo y es acompañado por dos cañonazos que dieron directo al blanco y quiebran a la Esmeralda a la altura del palo de trinquete. La Esmeralda se hunde con su tribulación a tope del mástil.
El combate concluye a las 12:10.

Interpretar


Luego de este combate Prat pasó rápidamente a ser el icono del patriotismo militar y naval, y finalmente a ser el icono del patriotismo chileno. Su abatida viuda paso a ser la “viuda de Chile” y colaboró en los encuentros que el gobierno, la Armada y el pueblo realizaron para conmemorar al héroe.
Camila Carvajal, esposa de Arturo Prat, recibió, luego de la muerte de su esposo, una carta del Comandante peruano Miguel Grau, honrando a su fallido esposo y enviándole las prendas que se encontraban en su poder durante la guerra, como retratos de familia y la espada que llevaba su nombre. En esta carta, la que fue respondida de manera muy agradecida por la señora, queda afirmado el espíritu patriótico del Capitán Arturo Prat.
Así mismo la trascendencia moral que tuvieron los valientes marinos en el combate de Iquique superó a su importancia material, pues un acontecimiento que debió ser un fracaso, por el estado de la escuadra chilena, por la perdida de la Esmeralda y la mala estrategia de su comandante en jefe, terminó siendo un episodio de gran gloria nacional: “El heroísmo chileno causó estupor en los peruanos de Iquique primero, y en los directores de la guerra después…la Guerra del Pacifico se definió el 21 de mayo en la rada de Iquique”[1]
Este sacrifico es para Chile la más espléndida y generosa entre todas las victorias a que un pueblo puede aspirar, y es así cómo el arrojo chileno produjo entre los enemigos una gran admiración. Perú gozaba del poder material pero las fuerzas armadas chilenas tenían consigo la bravura y habilidad que contrarrestaban a las fuerzas enemigas. Es por esta razón, que se establece la idea de que el 21 de mayo definió la Guerra del Pacífico, porque Chile, a pesar de no tener la superioridad marítima, consiguió acabar con la mitad del poder naval peruano.
Creo que una vez más, nos debemos sentir muy orgullosos de nuestra patria.



Para mayor información visita la Bibliografía:










Francisco A. Encina. Historia de Chile. Desde la Prehistoria hasta 1891. Tomo XVI. Editorial Nacsimiento. Santiago, 1950. Chile.





[1] Francisco A. Encina. “Historia de Chile” Desde la prehistoria hasta 1891. Tomo XVI. Editorial Nascimiento. Santiago, 1950. Páginas 436 y 437